martes, 27 de noviembre de 2007

Ya es hora de volver a escribir

Bueno, pues creo que ya os tenia abandonaditos, así que voy a volver a publicar ^_^

Aunque, no voy a hablaros de mi vida (muchos cambios y muy poco sitio), para eso podeis preguntarme a mi directamente ^_^


No, definitivamente hoy toca daros la brasa con una de mis reflexiones estúpidas, de esas que hacen reír cuando uno lleva tres cervezas. Me gustaría hablaros sobre las vocaciones.

Y es que, hay trabajos que son vocacionales, o que tienen que serlo, porque si no, no se explica cómo se puede acabar recalando en un trabajo así.
Yo, por ejemplo, soy informático, es uno de esos curros vocacionales. Estaréis pensando, ¿qué coño va a ser vocacional la informática? Yo os digo, ¿cómo no iba a serlo? Si los informáticos aguantamos el hacer de servicio técnico gratix a ese amigo nuestro o de nuestros padres, que encima nos dice:

-¿Has visto que suerte? Así, además, practicas.
Y se queda tan ancho, que tú piensas:
-Sí cabrón, si cobrara, ya sería la hostia...

Es como si al amigo que estudia periodismo, le encasquetáramos toneladas de apuntes, y le dijéramos:

-Pásamelo a archivo de texto, a doble espacio, títulos de tipo uno y con dos columnas, y así, practicas la escritura, ¿ves que bien?

Nuestro amigo periodista nos mandaría a la mierda, pero suelen tener más dignidad que nosotros, por eso tragamos...
Pero bueno, mis quejas sobre lo que pringamos los informáticos deberán esperar a otra reflexión, ya que debo hablar de más vocaciones.
Y es que sin las vocaciones no hay forma de explicar qué clase de pensamiento puede provocar que un niño acabe estudiando urología. Porque, seamos sinceros, no hay un médico más útil para los hombres, ni uno más odiado; que tú le dices a un colega que vaya al urólogo, y el pensar que un respetable doctor le vaya a meter un dedo en el culo 'por su bien' le pone los pelos del brazo de punta. Pero claro, nadie piensa en ese médico, quiero decir, imaginad que vuestro curro consistiera en, tras diez años entre carrera, rotaciones, y demás putadas varias, recibir a un tío al que le dices:

-Bájese los pantalones.- mientras con una mano le toqueteas los testículos como si los pesaras, que ya son ganas. Después le haces mear en un tambor de lavadora en plan sofisticado, para comprobar la salud de la próstata (esta es la parte divertida del curro, aunque tras verlo diez veces debe aburrir que te cagas) y, por último.- Apóyese ahí y relájese.- dices mientras le sugieres que mire pa' Cuenca y te pones un guante, y ale, a hurgar.

No, definitivamente un urólogo nace, no se hace, porque no hay trauma infantil capaz de causar eso.

Aunque hay un caso mucho más extremo, el del proctólogo, ¿qué clase de pensamiento impulsa a un ser humano a pasarse la vida calibrando la salud de otros analizándole las cacas? Me estoy imaginando esos dos urólogos vocacionales, en la cafetería de la facultad de medicina:
-Jo tío, no me llega la nota para Urología, esto es una mierda.- y en ese momento le da un flash...
-Oye Pepe, ¿estás bien? Estás como ido
-Tío, no lo vas a creer, pero acabo de decidir qué hacer con mi vida, el curro es una mierda, pero pagan bien.
Seguro que tiene que ser algo así...

Puede parecer que no, pero hay miles de curros vocacionales. Si no me creéis, pensad en el conserje de vuestra Universidad. Parece un tipo normal, pero, a las diez de la mañana, se produce un fenómeno curioso, el conserje está a la vez:
-abriendo un aula
-atendiendo gente en conserjería a la voz de ‘Pues este pasillo to’ recto y subes por las ejcaleras del final’ (no preguntéis porque, incluso los bedeles nativos de Nepal tienen un acento madrileño de lo más castizo…)
-revisando el alumbrado de los pasillos
…todo ello mientras, por supuesto, se toma su cortadito de las 9:30 (que comienza a las 9:15 y termina sobre las 11:00). Sí, la física cuántica avanzaría mucho más si se dejaran de tonterías y comenzaran a estudiar a los conserjes. Menos microscopios electrónicos, y más carajillos, coñe…
Además, en el ‘momento café’ (menos mal que aún no se ha definido la duración de un momento) es cuando tenemos nuestro siguiente vocacional: el técnico de mantenimiento. Es un ser atemporal, al menos vive al margen de nuestro tiempo (lo comprobaréis cuando tengáis que esperar ‘cinco minutillos’ para volver a tener luz en el despacho o el aula…), que tiene varios rasgos que le excluyen del común de los mortales. Uno de ellos es el arte del puf, me explico:
-Puf, madre mía la que tiene liada aquí, para esto voy a necesitar herramienta que no tengo aquí, voy al taller y estoy aquí en cinco minutillos… (paradoja temporal)
-Puf, ya son casi las 2, esto mejor lo miramos mañana a primera hora… (paradoja temporal con el conserje al día siguiente)
¿Lo vais pillando? Además de dominar el puf también controlan la cinturilla de los pantalones de trabajo como nadie, es cierto, los raperillos de ahora lo intentan, pero como no son ‘ñapas’ vocacionales, a ellos se les caen los pantalones dejando el culo al aire, sin embargo los ‘ñapas’ dominan este arte, para dejar ver justo, justo los pelos del culo, mostrando una hucha para monedas de 20 céntimos (ni un milímetro más ni menos), es una cosa increíble (y asquerosa, para que negarlo…).
Siguiendo estos ejemplos podríais pensar que la mayoría de los funcionarios que pululan por las instituciones públicas, son vocacionales, pues os equivocáis, la inmensa mayoría forman parte de la decoración, son atrezo, ¿de verdad creéis que alguien puede sobrevivir repitiendo siempre ‘Nchts, esto no es aquí, es en la ventanilla de al lado, pero ahora mismo no hay nadie porque han salido a hacer unas gestiones’ (ese funcionario de las gestiones sí que es real, está en la cafeta con el de mantenimiento y el conserje…), o bien, ‘El que lleva este tema está de moscoso’ (una leche, el que se está ‘mosquesando’ eres tú, no él…), ¡qué va! Funcionan a pilas, son como el Epi Cosquillas, sólo que nunca se ríen. Y sobre el resto, nada de vocación, es un rasgo adaptativo de la naturaleza, los permite camuflarse entre pilas de papeles y los funcionarios de atrezo para poder sobrevivir sin currar demasiado.
Bueno, hecha esta reflexión, os invito a que busquéis vocacionales en vuestro entorno, descubriréis que la naturaleza y el mundo laboral encierran muchas y muy buenas sorpresas.

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